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Anécdotas y Ciudades. Un viaje arquitectónico

Este post va sobre anécdotas de ciudades y un sobre la añoranza que tengo de caminarlas. Es un viaje arquitectónico. Este post es uno de los más personales que he escrito.

7 minutos

Este post va sobre anécdotas de ciudades y un sobre la añoranza que tengo de caminarlas. Es un viaje arquitectónico. Este post es uno de los más personales que he escrito.

Anécdotas y Ciudades. Un viaje arquitectónico | 24 Dosis de Diseño

Me encantan las ciudades, esos espacios urbanos y habitados. Desde hace rato que quiero escribir sobre ellas, narrarlas desde la vivencia, desde la experiencia. ¡Las añoro, las extraño como a nadie! Digo «las» porque han sido varias las que he caminado, donde he dormido, proyectado vida y sueños. He hablado antes de ciudad, en comfort place o de espacio y comportamiento; sin embargo seguimos en casa y sin poder disfrutarlas mucho, así que me he dedicado a caminarlas mentalmente y ahora a compartirlas para que todos viajemos un poco.

Yo creo que quien me sembró la semillita (la culpable en realidad 😝) de que me guste volar y recorrer ciudades es mi mamá, porque me llevó a Margarita (una isla de Venezuela) cuando estaba aún en su vientre. Esa fue la primera vez que salí de mi ciudad.

¿Qué necesito yo para ser una ciudad?

No soy una ciudad, pero si quisiera serlo necesitaría muchos metros (más bien kilómetros) cuadrados, vialidades óptimas, muchos espacios verdes y árboles; muchas casas, edificios, gente habitándome, gente enamorada, perritos paseando, gatos visitándose, dates previamente programadas. También requeriría de agua, luz, gas, internet; en fin, servicios que le den calidad de vida a esta gente; además de centros comerciales, teatros, librerías, equipamiento urbano, un buen sistema de transporte, muchos parques; en otras palabras, un listado enorme. -Suspiro-. Sería lindo ser una ciudad.

¿De qué manera relaciono las ciudades con mi vida?

Para mí es una cuestión de anécdotas, de vivencias, de entenderlas más allá de sus retículas, de sus dinámicas urbanas. Cada vez que habito una ciudad tengo una impresión distinta, cada una tiene una personalidad diferente a la otra, siempre con alguna particularidad. A las ciudades las relaciono con algo que anteriormente conocí, como películas, canciones, gente o emociones. De muchas maneras la arquitectura y el arte se cohabitan, se relacionan y hasta se complementan. No en vano la arquitectura es la madre de todas las artes.

Y como ésto va de anécdotas, relaciones y ciudades, aquí mis reflexiones.

¿Qué tienen en común Buenos Aires, Caracas, Margarita, París, Marsella, Madrid, Bogotá, Copenhague, Palermo, Taormina y Mérida?

Ciudades y Anécdotas de Europa

De adolescente me fui a vivir un tiempo en Marsella. Una buena noche me invitaron a cenar en l’Unité d’Habitation de Marseille; vino, Ratatouille y Le Corbusier en pleno. A veces los clichés de películas y libros sí funcionan tal cual te los imaginaste. Algunas zonas de Marsella me trasladaron a alguna película de mafia francesa, como «La French» (The connection) dirigida por Cédric Jimenez y rodada en la ciudad. Otras veces la relacionaba más con una vida millonaria en plena côte bleue; y con un porshe yendo al festival de Cannes. 😏

Mi experiencia en París fue súper distinta a la del sur de Francia. Cuando la conocí en invierno tuve flashbacks de Amélie, la película que mejor retrata el cliché parisino, el amor. Por otro lado recordé a «Invisible» y «El cuaderno rojo», piezas literarias escritas muchos inviernos atrás por Paul Auster. Otras veces me sentía en algún libro de Cortázar, mientras se sentaba en algún parque a escribir e imaginar vidas.

Panorámica Champs Elysées
Champs Elysées – Paris. Foto: @laverapaparoni

Un Eurotrip

Subí más al norte, en donde un día soleado de verano hace 22º C. 😱 En Copenhague me deleité con uno de los mejores urbanismos y paisajismos que he conocido, no la conocía, sin embargo pasearla en bici desde el primer día no fue ningún problema. Cuando caminé La Plaza Roja o La Plaza Negra tuve la sensación de estar hojeando libros de paisajismo ; por otro lado llegué a sentirme en un mundo paralelo muy antiguo y hasta surreal. ¿Han visto alguna vez una manifestación de vikingos? WTF!

Me bajé del avión en Palermo y automáticamente di un giro a los años 1600. Cada edificación barroca que habitaba me hizo sentir dentro de los libros de historia de la arquitectura y presentando exámenes entre cubiertas abovedadas, revestimientos de piedra, ladrillo y mosaicos, y arcos de medio punto con columnas clásicas de soporte.

Un día me secuestraron (a lo bien) y me llevaron a Taormina, aparte de comerme el mejor gelato ever; sólo hicieron falta unas ocho horas para sentirme dentro de cualquier programa de ricos, a la orilla del mediterráneo. Algo así como lo que sentí en Marsella, pero elevado a la «n» potencia.

Ya cuando volé a Madrid las cosas fueron más familiares, sin embargo no dejaba de impresionarme la sensación de estar dentro de alguna película de Pedro Almodóvar, el hombre que casi se apropia de la ciudad. Acá lo cuentan mejor: 👇🏽👇🏽👇🏽

Anécdotas de Ciudades Latinoamericanas

Cuando habité Buenos Aires solía sentirme dentro de las canciones de Cerati y Soda Stereo, sobre todo cuando la recorría en mis largas caminatas por Recoleta o por la 9 de julio, por Puerto Madero, o cuando la Av. Libertador era el escenario cotidiano y glamoroso en mis idas y venidas del trabajo a la casa.

Vista 360 de Buenos Aires
Vista 360 de Buenos Aires. Foto: @laverapaparoni

De estudiante estuve unos días en Bogotá y casi llegué a sentirme familia de Rogelio Salmona. Toda la ciudad inundada de luz, sombra, narrativa arquitectónica. Me sentía flipando y flirteando con tanta poesía.

A Caracas fui muchas veces de vacaciones y luego a vivir en dos oportunidades; pero me quedo con el sentimiento que me generó la vez que la recorrí a pie, junto a compañeros de la carrera y el profe Donny. Sentí a Le Corbusier a través de Villanueva (su pupilo), quien la habitó y la edificó en los años 50, década en la que empieza la modernización de Venezuela, de esa época la Ciudad Universitaria de Caracas, la reurbanización de El Silencio y un montoncito de viviendas.

En la capital venezolana también sentí que vivía las páginas del libro de Gasparini y Posani: «Caracas a través de su arquitectura». Más adelante confirmé ese sentir cuando trabajé con Posani en el Museo de Arquitectura y escuchaba sus cuentos, una leyenda viviente.

PD: Obvio que le tomé cariño al Ávila, pero nada como el Pico Bolívar, seamos serios. Chiste interno entre venezolanos.

Mi Ciudad

Para concluir voy a cerrar este listado de ciudades con Mérida, porque allí nací, crecí y he vivido el mayor tiempo de mi vida. Con Mérida tengo una «relación complicada», diría Facebook. Añoro mucho la Mérida de antes, la verde, la limpia, la bonita, la turística, la universitaria. Sin embargo a Mérida la quiero y vuelvo a ella cada vez que necesito. Mérida me da calma pero ahora también desespero, y es que entre el colapso del país y el cierre de fronteras, ustedes me dirán.

Después de todo quiero seguir recorriendo ciudades y recopilando anécdotas. Moverme me da paz, tranquilidad, alegría y ganas de un nuevo comienzo. Volar me da ligereza y me hace sentir libre. Caminar ciudades enriquece el alma, porque nada como conocer nuevas culturas, nuevas vivencias, nuevos contextos. Ojalá la vida me alcance para seguir recorriéndolas. A las ciudades, digo.

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